jueves, 3 de enero de 2013

El Dios de la nada - I -


Ahí está el hombre, como siempre, sentado en la oscuridad; en esa única habitación existente. Donde él es Dios, donde es todo… donde es nada. Había estado ahí toda su existencia; un siglo o un par de minutos. Realmente no lo sabía, realmente no importaba. Y es que, siendo el tiempo relativo, para él que estaba solo, que nunca habló con alguien (aun suponiendo que supiera hacerlo) el tiempo parecía haberse detenido.

¿Quién era?... ¿Y Cómo se supone que iba a saberlo?, ¿No es acaso la existencia de los demás lo que delimita y define nuestra propia existencia? Sí, somos lo que los otros no son y, al mismo tiempo, somos parecidos a esos otros. Así como un gato sabe que lo es al ver otros gatos y saberse semejante a ellos; y sabe que no es un perro al darse cuenta de sus diferencias con estos. Del mismo modo nosotros definimos nuestro existir al percibir las similitudes o las faltas de éstas en comparación con todos los seres que nos rodean. Más el estaba solo, y no tenía a alguien (algo) más como su referencia, como una imagen con quien comparar la suya, tan sólo era una forma sin forma que existía pero no era nada, bien pudo ser una piedra (quizá lo era) y no haberlo notado.

Y allí sigue el hombre, encerrado entre esos cuatro muros; envuelto en su soledad y en una penumbra tan densa, tan negra que es imposible de imaginar y aún más de describir; era una oscuridad tal que no se podía ver las propias manos, los pies, ni mucho menos algún rincón del cuarto; tal era la negrura que en ocasiones parecía oscurecer sus propios pensamientos volviéndolos más difusos y difíciles de reconocer y hasta a su propia alma que ennegrecida envenenaba de a poco y sin darse cuenta a todo su ser.  

 Había estado solo toda su vida, jamás había visto algo, jamás había olido nada que no fuera su propio aroma y por sobre todo, nunca había estado fuera de aquella habitación. Aun así él era feliz, aun así él creía ser feliz.
Llegó un día más -¿ O sería una noche?, ¿Acaso importaba?- Despertó y como en cualquier otro día y sus pensamientos comenzaron a abordar su mente; eran realmente absurdos, que tanto podría pensar ese hombre si su universo entero se limitaba tan sólo a esa pequeña habitación. Se sentía inquieto, esté día en especial tenía mucha energía; su limitada imaginación miraba hacía su adentro, repasando sus recuerdos casi inexistentes mientras el halo de luz se deslizaba desde un pequeño agujero para morir encima de su pie izquierdo... Espera, ¿Acaso era un rayo de luz? Si, él hombre lo miró asombrado (por no decir asustado) sin poder creer eso.. eso.. ¿Qué era eso? No lo sabía, (¿Cómo podría?)  pero era lo mas sorprendente que le había pasado desde que podía recordar, ¿Hará daño? Se lo preguntó, y su sentido común le decía que no puesto que el fino hilo de luz estaba descansando sobre su pie y fuera de una sutil calidez no parecía que pudiese provocar nada más; aun así no podría asegurarlo, ¿De dónde viene? Esa parecía ser la única pregunta que podía contestar; y la curiosidad nata de un humano (incluso en aquellos que ni siquiera saben que son humanos) no le permitió el no averiguarlo.
Comenzó a seguir el fino rayo de luz que se abría camino con dificultad por la oscuridad de la habitación, intentando descubrir lo que provocaba tan extraño fenómeno; no tardó en llegar a un agujero en una de las paredes, en su mente intentaba imaginarse como se originó ese agujero... ¿O es qué siempre había estado allí y no lo había notado? quizá era así, el agujero siempre había existido y lo nuevo era la luz que ahora entraba por él. Su excitación iba en aumento, como la de un niño cuando por primera vez recibe un regalo; no sabe que es esperar, pero pero de alguna forma sabe que algo esta por ocurrir. Acercó el ojo al orificio cual curioso cuando espía a través de una mirilla y la luz encandilo su ojo -sensación nueva para él-, retrocedió aterrado por lo que acababa de pasar e intentó desesperadamente  hacer salir esa luz de su mundo; tapaba con sus dos manos el agujero por donde se filtraba, pero cada vez que las quitaba la luz volvía a entrar. No sabía que hacer, no sabía como evitar que entrara esa indeseable cosa que le cegó (tan sólo por un momento) el ojo, lo intentó hasta el cansancio sin lograr su cometido.
En esa ocasión durmió exhausto, quizá como nunca antes lo había hecho, durmió viendo aún esa luz. No pudo evitar soñar con ella, la veía entrando directo a sus ojos dejándolo ciego nuevamente, aunque luego se acostumbraba al cambio repentino de iluminación y veía todo con más claridad; el cuarto estaba vacío -algo que ya sabía- más puedo ver algo totalmente nuevo, sus mano por primera vez estas aparecían ante él. Las veía extrañado pero de cierta manera le resultaban familiar, siempre había sabido que allí estaban, pero no sabía la forma exacta que éstas tenían. Luego miró hacía abajo y pudo ver, por primera vez su propio cuerpo, su cuerpo desnudo y sucio, jamás se le ocurrió pensar en poder verse, era algo que escapaba de su limitada imaginación. 
La exaltación fue tal que lo hizo estremecer y despertar, abrió los ojos y lo primero que vio fue ese hilo luminoso abriéndose el camino débilmente entre la pared, de inmediato supo que allí residía su única oportunidad de convertir en realidad su sueño y poder verse. Se levantó de un salto y puso su mano debajo del rayo, pero este era tan fino que no podía echar luz suficiente para poder verla; el hombre, desesperado, intentó poniendo un pie, luego la otra mano, la cabeza... nada, imposible pretender iluminar un cuerpo entero con tan sólo un poco de luz. Trató de colocar una vez más su ojo en el orificio, la luz de nuevo lo cegó momentáneamente, sin embargo en ésta ocasión no apartó la vista, simplemente se quedó mirando. Poco a poco su vista fue regresando y se fue adaptando al cambio de iluminación, y fue notando el exterior, había algo afuera... pero no lo graba distinguirlo del todo... parecía ser una sombra... no... más bien una figura... si una figura... una, muy parecida a la suya.



1 comentario:

  1. Recuerdo estas conversaciones!!!.. la 1ra hace ya algunos años cuando discutíamos sobre la Metafísica, Uno existe por que sabe dentro de si de que ocupa un lugar en el mundo, o por que los demás nos confirman nuestra propia existencia?... y la última hace pocas semanas después de que me recomendaras la lectura sobre la puerta (que no puedo recordar el nombre, sabes que eso de recordar títulos y autores no se me da).... Muy buena aportación de esas que te dejan pensando un buen rato.

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